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miércoles, 23 de julio de 2014

HISTORIA DEL INDIO ROMULO.

Las nuevas generaciones seguro no le conocen, pero muchos crecimos escuchándole declamar en escenarios o en su más de doce discos, o actuando en novelas y en películas, o en su programa de televisión “Romerías del Indio Rómulo”, o leyendo sus columnas en el periódico “El Campesino” donde recopilaba las más famosas coplas de “esto dijo el armadillo…” o ayudando a alfabetizar campesinos por Radio Sutatenza. Rómulo Augusto Mora Sáenz, mejor conocido como “El Indio Rómulo”, será homenajeado por la Fundación Abrapalabra y el programa de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad del Tolima. El evento se realizará el miércoles 8 de mayo a las 7:00 p.m. en el Teatro Tolima sin ningún costo. Quiero aprovechar este espacio para contar una faceta del Indio Rómulo poco conocida y que debería servir de ejemplo para ciudadanos y gobernantes. Rómulo fue alcalde de Monguí en 1958 y su obsesión era llevar la luz eléctrica a su pueblo que solo contaba con 19 mil pesos de presupuesto y que debían alcanzar para pagarle al acalde sus 360 pesos mensuales, pagar los secretarios, la telefonista, los comisarios, comprar las velas para alumbrar la virgen y hacer las fiestas e inversiones que requiriera el municipio. Llevar la luz costaba 125 mil pesos y él quería conseguirlos para iluminar la Virgen de Monguí en diciembre durante sus fiestas patronales.Se requería el presupuesto de 30 años del municipio para lograr tal tarea y sin embargo, Rómulo habló con el cura del pueblo y con el tesorero y se dedicaron a hacer bazares todos los fines de semana para recolectar fondos. Prohibió la venta de cerveza para que sólo se vendiera chicha y con lo que obtuvo logró en tan solo tres meses reunir el dinero. No fue sencillo pues el mismo presidente Carlos Lleras Restrepo viajó hasta el municipio para ver con sus propios ojos el desorden que estaba causando el alcalde y que tenía enojados a los líderes de la naciente industria cervecera. Escuchó la historia, bebió chicha en totuma y salió chapeto para Bogotá, no sin antes encomendarse a la Virgen de Monguí y aportar cinco mil pesos para la causa. En Paipa le recibieron el dinero pero le dijeron que debía esperar, pues llevar la luz desde Belencito hasta el municipio requería poner cientos de postes en un recorrido de ocho kilómetros en línea recta por encima de lomas, montañas y terrenos escarpados. Ni Rómulo ni la Virgen querían esperar, así que reunió al pueblo, y le asignó a cada familia la tarea de cavar un hueco y levantar un poste. Al final de la faena había chicha para todos. En 15 días estaban todos los postes ubicados y ante tanta insistencia, el gobierno mandó a poner el tendido eléctrico. Fue un 14 de diciembre cuando el alcalde Rómulo sacó la planta de gasolina a la plaza para poner el equipo de sonido con cornetas y música. Las mujeres se vistieron de negro y empezaron una procesión que, cosa curiosa, no solo llevaba a la virgen sino adelante, un cajón mortuorio lleno de velas que enterraron como acto simbólico sin que existiera en esa época ningún discurso sobre cultura ciudadana. Todos sostuvieron el aliento cuando se dio la orden de subir los tacos y lloraron cuando la luz eléctrica iluminó a la virgen de Monguí. Dos mil años antes la virgen había dado a luz en Belén y esa noche, desde Belencito llegó la luz para la virgen. Los tiempos han cambiado y los líderes también. Ahora hacer una carretera, pavimentar un hueco, poner un acueducto, construir un colegio, requiere estudios, prospectiva, diagnóstico, diálogos comunitarios, consulta ciudadana y mover un elefante burocrático que pareciera alimentado con el único fin de consumir los sueños de la gente y hasta los ánimos de los mismos gobernantes. Ese es el hombre que será homenajeado. Cumplió 71 años el 23 de abril y todavía declama y hace vibrar con su poesía rústica. Si laguna vez lo escuchó, si lo recuerda, si quiere verlo declamar nuevamente, usted también tiene una cita con el Indio Rómulo. Le esperamos.

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