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viernes, 1 de agosto de 2014

PROBLEMATICA AMBIENTAL.



En materia ambiental a los colombianos nada termina de sacudirnos: pasamos las peores épocas de lluvias con inundaciones en todas las regiones de Colombia y después el verano nos quita el agua despiadadamente, y la sed comienza a invadir a las mismas regiones que antes padecían el horror del exceso de precipitaciones.

Pero no aprendemos que estos estados extremos se deben a un castigo certero e inflexible por la forma como abusamos descaradamente de la naturaleza.

Los bosques se talan sin control; las corrientes de agua se contaminan sin piedad; las riberas de los ríos se  eliminan  para cultivar los espacios libres; los páramos, verdaderas fábricas de agua, se dejan a merced de los depredadores de la minería que acaban con todo.

No aprendemos nunca que las fuentes de agua merecen todo el respeto del mundo, que hay que cuidarlas, contribuir para que ellas estén cada día mejor y puedan cumplir con su función de producir todo el líquido que necesitamos, cada día con mayor intensidad, pues la población crece y con ella todas sus necesidades.

Nos acostumbramos a vivir en un país afortunado por el medio ambiente, con una de las mayores diversidades del mundo y por eso no aprendimos a respetar, a admirar la fortuna de nuestro suelo, a cuidar esa inmensa riqueza puesta en nuestras manos. 

Fuera de eso los organismos gubernamentales creados para tal efecto, han caído con una facilidad asombrosa en manos de los intereses políticos y en donde los criterios burocráticos y de contratación priman sobre lo que debe ser la verdadera filosofía de su creación y lo que los ciudadanos esperan de su acción.

Todos estos campanazos dolorosos y asombrosos que hemos padecido en los últimos tiempos, tienen que servir para propiciar un verdadero replanteamiento del manejo del medio ambiente en nuestro país, que implique un mejor aprovechamiento de los recursos, la adquisición de una capacidad técnica mayor para enfrentar el cúmulo de problemas que tenemos y definitivamente la generación de conciencia ciudadana, para que todos aprendamos a cuidar lo que tenemos, a defendernos de los intereses mezquinos y a apartar decididamente la corrupción que ha invadido de manera implacable al sector. 

La tarea no se circunscribe solamente a la defensa de lo que hay, sino a producir la reparación de todo el daño causado. Qué tristeza y que impotencia observar por ejemplo a la guerrilla en estos momentos dolorosos, producir derrames de petróleo para acabar con lo poco que queda del medio ambiente.

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